¡Hola hola! ¿Quién no se ve mejor con un poco de color en la piel? No digo estar moreno como si hubieses estado dos meses en el Caribe, pero por lo menos mantener un poco ese tono que hemos ido adquiriendo durante el verano y estirarlo hasta primavera. ¿Cómo podemos hacerlo? Fácil, con un producto que tiene sus fans y sus detractores a partes iguales: las cremas AUTOBRONCEADORAS o bronceadores sin sol. ¿Las habéis utilizado alguna vez? Hay quien las aborrece porque no les gusta el tono que les da, porque no saben cómo aplicarlo bien,… ¡Y hay quien las utiliza casi a diario!

Es un producto que yo lo utilizo desde hace muchos años, en momentos concretos, pero últimamente estoy dándole más uso. En la farmacia, aunque es un producto de “temporada” (de hecho entra dentro del grupo de los solares para los laboratorios) , intento darle salida todo el año porque realmente es un producto que se puede utilizar en cualquier momento.

Una autobronceadora es una crema que produce una oxidación en los aminoácidos de la epidermis, la capa más externa de la piel. Al hacer esta reacción, da una coloración que es muy parecida al bronceado natural y da un olor muy característico (he aquí una de las razones por las que hay personas que no les gusta este producto, ese olor, que personalmente no me resulta desagradable pero entiendo que pueda no gustar).

No protegen del sol, con lo cual, si nos exponemos al sol con el autobronceador aplicado siempre nos aplicaremos un fotoprotector solar: ese bronceado superficial que adquirimos no tiene nada que ver con la producción de melanina, que es el pigmento que nos da el bronceado natural al recibir radiaciones solares y de hecho es una protección que desarrollamos frente a la radiación ultravioleta.

En el vídeo os explico cuáles son mis favoritas, cómo utilizarlas para que el resultado sea perfecto y un consejo final muy valioso. ¡Dentro vídeo!

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